
A sus casi 104 años, María Eugenia Vargas Solera volvió a ejercer uno de los derechos que ayudó a construir para miles de mujeres costarricenses: la voz.
La jurista histórica acudió este domingo al colegio Lagos de Lindora, en Santa Ana, donde le correspondía votar, reafirmando su compromiso con la democracia costarricense.
Nacido el 13 de junio de 1922 en el Barrio México, Vargas Solera es una figura clave en la historia del país. Fue la segunda abogada y notaria egresada de la Universidad de Costa Rica y la primera jueza de la República. Hoy vive en Santa Ana.
Su presencia en el centro de votación no pasó desapercibida. No sólo por su edad, sino por el simbolismo que representa: María Eugenia se graduó de abogada en 1948, cuando las mujeres aún no eran ciudadanas y no tenían derecho al voto, condición que les fue reconocida hasta la promulgación de la Constitución de 1949. Aun así, fue protagonista de procesos históricos que impulsaron la participación política femenina, colaborando incluso en el desarrollo de materiales para orientar a las mujeres sobre cómo votar en las primeras elecciones en las que pudieron hacerlo.
A lo largo de su vida profesional ha roto barreras en espacios tradicionalmente dominados por hombres. En 1950 representó a Costa Rica en foros internacionales, recibió formación especializada en América del Sur y a su regreso se convirtió en la primera jueza penal y tutelar de menores del país, cargo que aceptó a pesar de la fuerte oposición que existía en ese momento. Posteriormente, dedicó gran parte de su carrera a la defensa de los niños, la educación especial y la educación universitaria.
Luego de emitir su voto, Vargas Solera dejó varios mensajes claros: expresó su amor por la democracia, enfatizó lo hermoso que es vivir en un país democrático y gritó con firmeza “¡Viva Costa Rica!”.
Además, envió un mensaje directo a los jóvenes, a quienes animó a estudiar y prepararse, recordando que la educación y la participación cívica son pilares fundamentales para el desarrollo del país.
Su paso por las urnas no fue sólo un acto electoral, sino un recordatorio vivo de la lucha por los derechos civiles en Costa Rica y el camino que abrió para que miles de mujeres puedan participar plenamente en la vida democrática del país hoy.











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